Architectural Design Archive
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Una arquitectura viva dedicada a la investigación biológica, que no se construye desde planos rígidos, sino que me centre en la escucha del entorno y sus tiempos, teniendo en cuenta los ciclos del agua, del aire, de la luz y, sobre todo, de las especies que lo habitan. Por lo que decidí situarme en Jersón, un pueblo de Ucrania marcado por la guerra para marcar un nuevo comienzo.

Los módulos, compartiendo una misma estructura, nacen desde una losa de hormigón que ancla tubos en su parte inferior, dejando a la vista el sistema que los anima. Rótulas móviles en sus laterales y nervaduras iluminadas por líneas de luz led conforman una anatomía flexible. Todo reposa sobre patas robóticas que permiten el desplazamiento y crecimiento orgánico del conjunto.
La red hídrica capta y depura el agua, absorbiendo lluvia y extrayendo agua del río para alimentar los huertos hidropónicos y el sistema vegetal. Sus envolventes constan de tres capas: una interior sensible al movimiento, otra intermedia aislante, y una piel exterior de malla metálica donde florece una vegetación que respira.
A su vez, la red fótica despliega paneles solares que recolectan la luz y la transforman en energía, compartiendo con la red hídrica estas envolventes adaptativas que mutan y se regeneran.
En los extremos de los tentáculos, cuando el crecimiento cede, aparecen los pétalos. Aerogeneradores biomiméticos que se giran con el viento como flores cinéticas, generando energía para el sistema.
Y cuando dos redes se encuentran, se abrazan: allí nacen espacios de transición, zonas sensibles y habitables, donde humanos, plantas y animales coexisten en simbiosis.

En un lugar de muros, hay membranas.
En lugar de fachadas estáticas, hay estructuras que respiran.
Cada tubo, cada nudo, cada rótula del sistema cumple una función y, al mismo tiempo, se adapta: florece, se pliega, muta, desaparece.
Desde los montadores de crecimiento que ensamblan los módulos, hasta las aves que anidan en las intersecciones, cada habitante aporta al ciclo de vida del conjunto.
Nada es fijo. Todo respira.
Una arquitectura rizomática, sensorial y mutante, que se instala no para imponerse, sino para sanar.