Architectural Design Archive
Un Buen Suceso
“La arquitectura despierta sentimientos en el ser humano.
Su tarea es, por tanto, hacer esos sentimientos más precisos”
-Adolf Loos-

Centenares de piedras se escondían en aquel remoto rincón del monte del Pardo. Había decenas de capiteles, basamentos, molduras, parteluces y dovelas. Eran las ruinas de la Iglesia del Buen Suceso.

Fascinado por este descubrimiento realicé un registro de cada una de estas piezas, tomando medidas de dimensiones y de peso, y comencé una rigurosa reconstrucción de la Iglesia desaparecida.

Si los templos son de las obras más fascinantes de la historia de la arquitectura, quería diseñar uno más. Entendí entonces esos 620 sillares ornamentales no como una ruina romántica sino como 190 toneladas de peso. Comenzaba así el delirio de proyectar una Iglesia suspendida en el aire.

Sobre un poderoso y robusto basamento que es una cripta se levanta un ligero manto nacarado. El manto tiene un peso propio, que se equilibra con el momento producido por las piedras a través de unas balanzas que componen las fachadas.

El ornamento ya no es delito, es equilibrio, y la geometría es la herramienta para construirlo:

El hexágono pavimenta, porque cubre un plano horizontal.
La espiral empaqueta, porque organiza una planta
El ángulo concentra, porque los esfuerzos se reparten en 45 puntos.
La hélice agarra, porque la envolvente se resuelve a tracción.
La esfera protege, porque de 154 perfiles se descuelga.
La curva emite y recibe, porque 16 trazos dibujan su forma.
La catenaria aguanta, porque tan sólo una es suficiente.
Y el peso cae. Si de algo estamos seguros, es de que la gravedad es inevitable.