Architectural Design Archive
Y la basura espacial qué
La Tierra se ahoga en basura espacial.

Desde el lanzamiento del Sputnik I en 1957, el ser humano ha colocado más de 8,000 satélites en órbita, provocando alrededor de 6,000 explosiones espaciales. Restos de cohetes y satélites en desuso ahora flotan de manera descontrolada alrededor de la tierra, sumando más de 30,000 piezas de residuos orbitales. Hemos abandonado nuestros desechos en el espacio. No los vemos y apenas somos conscientes del peligro que supone.

Junto a mis compañeras, Belén Duque y Ángela Colmenar, empezamos haciendo una cartografía de investigación, poniendo el foco en el satélite Galileo, de la Agencia Espacial Europea. Recorremos la vida del satélite, desde que nace, estudiando quién y como lo confeccionan, pasando después por su lanzamiento y vida útil en el espacio, explorando las amenazas a las que se enfrenta. Entre ellas, el Síndrome de Kessler, un fenómeno de colisiones en cadena que genera un efecto mariposa. Allí, llega a su muerte y final de vida, destinado a ser enviado a cementerios espaciales y vertederos terrestres como el Punto Nemo. Con ello, llegamos a la conclusión de que ninguno de estos dos escenarios contempla una segunda vida útil para Galileo.

Mi propuesta propone una economía circular, basada en dos actuaciones paralelas que convergen en un marco espacial y terrestre.

La primera fase consiste en la limpieza y mitigación in situ de los residuos orbitales, mediante el uso de dispositivos de captura y desorbitación satelital. Los dispositivos serán almacenados en la base espacial, una versión transformada de la Estación Espacial Internacional, que servirá como su centro de acoplamiento y estacionamiento.

En el contexto terrestre, una vez que los residuos son desorbitados, estos serán trasladados a las bases en tierra, centros de reprocesamiento e innovación de residuos espaciales. La arquitectura propuesta para estos centros, permite un procesamiento industrial eficiente y a gran escala. Se plantea un sistema de carga y descarga automatizado, donde la basura recién llegada es recogida, pasando por módulos de clasificación y trituración, para después ser procesada en grandes tanques de fundición de plástico y metales. Además, proyectamos zonas de uso mixto, que incluyen espacios de coworking, laboratorios talleres de innovación. También se contempla la creación de huertos de compostaje y rocódromos construidos con los mismos residuos reciclados, promoviendo un enfoque sostenible y creativo. Finalmente llegamos a los módulos de ensamblaje, donde se montan los satélites sostenibles, listos para su salida hacia las plataformas de lanzamiento de la Agencia Espacial Europea.

Así es como el antiguo paisaje de Galileo da paso al de Neogalileo, un satélite sostenible,
que a través de sus lazos ecosistémicos, conecta humano y basura, para redefinir el futuro de la exploración espacial.